domingo, 26 de mayo de 2013

Miradas

Mírame, vete, y mientras te estas yendo gírate para volverme a mirar. Y vuelve por favor.
Cuando quieres que alguien te mire no pasa, y ya da igual que otro lo haga.
Tú quieres esa mirada y ninguna otra más, y lo pides desesperadamente.
Desesperadamente para que abran los ojos y vean.
Y vean bien con el corazón el dolor, el amor, el sufrimiento, y nos comprendan.
Si es verdad que hacemos esfuerzos sobrehumanos para no necesitar de nadie...
para poder vivir en paz sin una mirada dedicada...
¿Y quién se cree eso? Si luego hacemos cualquier cosa por atraer esa mirada.
Quien diga que no... miente.
Cada uno tiene la suya especial, y queremos brillar para ella.
Lo curioso es que la mayoría de las veces nos obsesionamos con unos ojos que no nos quieren mirar.
Pero la mejor mirada no es esa que se nos niega, sino esa mirada que nos ve cuando 
no nos sentimos mirados y por lo tanto nos mostramos mejor, como somos.
Queramos o no, somos esclavos de alguna miradas.
Vivimos apagados, y cuando nos miran... brillamos.

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