Eres la estrella que se me olvidó apagar cuando la noche acabó,
el sol me pilló desprevenida y no pude ni quise dejarte morir.
Y el día que debiste abandonar el mundo esa luz seguía perenne en mi propio Sistema Solar.
Y así, aunque ahora estés navegando por la Osa Mayor o viajando por viajar,
veo tu haz reflejado en las paredes de mi casa, paredes que escucharon, vieron y sintieron.
veo tu haz reflejado en las paredes de mi casa, paredes que escucharon, vieron y sintieron.
Sintieron escalofríos extraterrestres de magnitudes galácticas permanentes
que recorrían los recodos de nuestros cuerpos viajando a la velocidad de la luz.
Perseguiré tu estela con la mirada cada vez que alce la vista,
porque así a lo tonto aprendí de astronomía, que yo soy tu enana blanca y tu mi gigante naranja.
Y dejaré que pase el tiempo y mientras me hago la despistada como si no hubiera pasado nada.
Enseñaré a mi cuerpo a dormir sabiendo que andas balanceándote
por columpios invisibles entre celestes nebulosas,
que estás lejos de mi centro de gravedad, lejos de mi Vía Láctea.
Enseñaré a mi cuerpo a dormir sabiendo que andas balanceándote
por columpios invisibles entre celestes nebulosas,
que estás lejos de mi centro de gravedad, lejos de mi Vía Láctea.