Hubo días malos, días buenos y días inesperadamente hermosos.
No elegimos de donde venimos, pero sí a donde vamos.
Qué hace a uno ir por el camino equivocado, intencionadamente.
No se piensa en el ayer, mañana, dentro de unas horas... se piensa en el instante.
Un día serán anécdotas, las fotos se convertirán en viejos recuerdos.
Esto está pasando, esto tenía que pasar.
Lo que hace verdaderamente estallar del asunto es que lo esperaba,
lo meditaba, lo rezaba, lo lloraba, lo pensaba, lo dormía...
Y el día que sucedió vino como huracán en la mañana.
Fuerte, sin esperarlo ni verlo. Arrasando calles y corazones.
Se me encoge el alma y me arden las venas.
Me aprieta el corazón y me estalla el cuerpo.
Se derriten mis sentidos y se me duerme el pecho.
Me escuece el recuerdo y me matan los hechos.
Quería que le escribiera, y lo hice desde el principio.
Y hoy, mis dedos van al compás de las teclas de bajar el telón.
La suerte está echada y espero, deseo, quiero, rezo que vaya contigo.
Niño agridulce, en tus ojos se refleja el paraíso y la amargura,
no permitas que tu alrededor te haga vibrar de cólera o locura.
Cuando engañó la verdad
y se sinceró la mentira
Cuando el foso de espinas
No hubo lugar para más.
Mónica Carrillo
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