Tu boca que surfea por mi cuello, mis lágrimas que mueren en la cara.
Las estrellas que me miran, el sol que se ríe de mi cuando voy descalza.
Los aviones que aterrizan en el tiempo de un latido.
Un latido lento y sonoro, que no quiere escapar, que no quiere terminar.
Te deslizabas entre mis manos, tu sombra y la mía bailaban,
pero al contacto ya tenías que partir, y a cada campanada que
en la calle sonaba yo quería ser parte de ti.
Mis dedos y tu pelo se mueven al mismo compás, cada vez menos, cada vez más.
De qué estarán hechos tus sueños, que lejos contigo volarán.
Yo te perdono en el nombre de todos mis sentimientos,
yo te agradezco en el nombre de todo mi cuerpo.
No era pecado follar besarnos sin conocernos,
era un milagro y nunca querrán reconocerlo.
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