En un suspiro, la ausencia.
De todos los tornados, mi cólera.
Y de cada llanto, agua envenenada.
Y corre que corre en campos que no le pertenecen,
que tienen su nombre pero que no pueden cogerse.
que tienen su nombre pero que no pueden cogerse.
Y coge que coge porque el sentimiento es más grande que todas las lágrimas que echó.
Quizás solo sea conocer el no.
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