domingo, 23 de junio de 2019

Más allá.

Me duele el corazón.
Me duelen los huesos, los brazos, las piernas, cada poro de mi piel y cada pelo de mi cabeza. 
Me duele la existencia y me duele el abandono.
Me duele cada parte de mi vida.
Me duele lamentarme, me duele perdonarte, me duele hablar y me duele llorar.
Me duele. Simplemente, me duele.

Casi siempre la causa de mi dolor es la confianza. La extrema confianza que deposito en los que quiero. Confianza basada en el respeto y el amor. En tratar como quiero que me traten.
Pero esa confianza no significa nada para el resto. Y cuando se rompe la confianza, me duele. 
Y ya no sangro.

Ríos y lagos de sangre y lágrimas tuvieron que fluir para convertirme en algo efímero. En algo que hoy es y mañana no. En un ser que rezuma melancolía, diversión, llanto y risas.

Eso soy yo.
Un ser al que golpear. Alguien vulnerable al que hacer daño es relativamente fácil. 
Porque lo pongo fácil.
Eso soy yo.
Me abro enseguida, mostrando mis puntos más flacos y débiles. 
El punto donde golpearme. El punto donde me duela.

Y hoy, que me sorprende que me sorprenda, la vida me sigue poniendo de rodillas. 
Entregada en cuerpo y alma a algo que nunca fue ni será, a algo que me ha decapitado el alma.
Mi confianza se ha roto, mi confianza está llorando, mi confianza está dolida.

Me duele el corazón.
Me duele el pecho, cada articulación de mi cuerpo, las pestañas y la piel.
Me duelen las ganas y me duele la desidia. 
Me duele la mentira, me duelen las palabras, me duele el verte, me duele el hastío, me duele la imprudencia, me duele la falta de respeto, me duele lo que pasó, 
me duele lo que no pasó y me duele lo que nunca pasará.
Me dueles tú, me duelo yo.

Hoy, todo me duele.

No hay comentarios:

Publicar un comentario